lunes, 29 de julio de 2013

El Tigre. Delta del Paraná (Miguel Angel Asturias)

Shangri-la , casa de fin de semana de Miguel Angel Asturias
sobre el Río Capitán (delta  de Tigre)  foto: Sara Facio
Amanecer en el delta del Paraná ilustrado por Rufino Tamayo





Dime, primor del alba,
granada al blando espacio
que las alas ya cálidas descifran,
dónde comienza el día,
cuándo comienza el día,
cómo comienza, se hace
esta nueva alegría.
¿La yerba ve el color de la aceituna
que toma la tiniebla para dejar el agua,
trepar por entre islas, pastizales y aceites
y convertirse en sombra de árbol ya anegado
en luz del firmamento?
El río es el coloquio del trino y la molicie
cuando en su lecho andante se despereza
el día, lo mudable, la inocencia de Dios que no consume
lo que en su ardor se quema
para que siga el tiempo
al comenzar el día,
como el agua pastosa que en el delta
camina adivinando
de un reino a otro reino de la vida
los profundos caudales del principio:
el hueso del durazno, su vello de oropéndola,
la violenta dulzura de la sangre en manzana
que complota contra el seño de la pera desvestida
de su cascara verde. País de los isleños.
Tantas horas de chuparse los dedos
entre cañas flexibles, vaporosas,
y columnas de álamos,
líquidos ascendientes del espejo
desde el obscuro fondo de su légamo.
Morena flor de amores palidecida apenas
y ya eternizada, tú que eludes
al sol, di dónde empieza
a deshuesarse el oro de su metal de ganglio
para saber acaso, dónde comienza el día,
cuándo comienza el día,
cómo comienza, se hace
esta nueva alegría.
La sed. Todo principia
en la rueda dentada de la corola ígnea,
mientras del leño brota la sangre vegetal enrojecida
por el fuego que es sangre
combustión de savia, entre rocío, sudor de amaneceres,
cuando sobre la nada de la casa del hombre
emerge el humo
que es tan imagen de su propio sino.
Ascensión animada, esplendorosa,
del color y la forma gravitantes,
del sueño que se engasta en realidades
junto a todo lo quieto de la vida,
lo horriblemente quieto del agua en los zanjos
del agua color de berenjena,
de la sombra que lleva a los canales
el rosado temblor de las hortensias,
señalad ese límite preciso, la cifra
en que comienza el día,
para que detengamos los sentidos,
la fruición de la dicha colorida,
y seamos ese ser inteligente
que despertó con vida entre los ojos,
seguro de sus dudas infinitas,
blando como animal y tan contento
en ese instante en que amanece el día


Amanecer en el Delta del Paraná, Miguel Ángel Asturias


Tigre, 4 de Diciembre de 1949

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