lunes, 27 de febrero de 2017

Heráclito nada (Alberto Muñoz)



Alberto en su casa del A. Espera /2016



I


Olvido lo que hay que olvidar estando despierto; nadie sueña si no nada. Miro una orilla reverdecida que puede ser un ojo; la razón es un pequeño ojo. Lo que me rodea parece triste pero es pura sagacidad. Una razón desestabiliza todas las palabras que el oído no puede soportar. Se rompe la cáscara contra la orilla. Llegan noticias que viajan por el aire como nubes o desprendimientos. Habla una voz que hemos construido para entendernos. Nadando la voz se fatiga y sufre. La voz no esconde sus lujos. La voz es el manjar de la muerte.


2


El agua sale por la boca, es una fuente; se adhiere a la comunidad. Común es el aire que la lleva y la mueve. Común es la respiración que se adhiere a la comunidad. Viene de otro lado el ruido de unos escombros cayendo sobre la chata membrana del río. La comunidad se rompe, nace suavemente un huevo, un vicio lleno de saberes. El agua no sabe, muere cada vez que sabe. El agua es comunal. El saber, descomunal.


3


Los pies tocan la orilla. El cuerpo montado sobre ellos es amarillo y caliente. Caminando sobre una verde estación de hojas comienza la música. El cielo es el único tamaño a considerar. Si estuvieras cerca diría: Me complace tocarte y darte un tamaño mayor al de toda mi vida. ¿Sabés cuánto mide mi vida?


4

Tu perro está triste, Deberías enseñarle a nadar. Esos huesos que roe no pueden ser más que hiedras parásitas. Deberías atarle al cuello una felicidad bien enhebrada, leche de los astros que pueda sosegar su ferocidad. Yo tengo pocos animales a mi cuidado. Me complacería tener una boa, pero requiere cuidados que sólo le otorgué alguna vez a mi madre y hace mucho tiempo.



de "Los apestados / Heráclito nada" Ediciones en Danza, 2016.


Alberto Muñoz nació en Buenos Aires en 1951.Es poeta, músico, dramaturgo y guionista. Una de las voces esenciales de nuestro río, habita hace dos décadas una casa en el Arroyo Espera - delta de Tigre. Últimos libros publicados: El naturalista (En Danza, 2010), La luz contra el centeno, antología (Continente, 2013), Leyland (En Danza, 2015)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Repelente (Sebastián Hernáiz)



No hay mosquitos en el Tigre. El río
está bajo, hace días que no llueve.
Nos sorprende
en nuestras pieles lechosas
el sol seco de media tarde. De nada
nos protege el repelente, la piel
pica de mera incomodidad con el mundo.
Somos adictos a un par de alicientes. Las mujeres,
la mujer, noches ebrias, dos canciones.
No hay repelentes que resistan
al precipitado pasar del día a día. Va a llover pronto,
el río va a crecer. Vamos a quedar por siempre
en esta piel, en esta isla que late.

en "El prejuicio del sexo", Bahía Blanca : Vox,2014.

Sebastián Hernaiz es docente de historia de la literatura argentina en la carrera de Letras de la UBA. Publicó la novela Las citas, (17grises, 2016), el libro de poemas El prejuicio del sexo (Vox, 2014), y los ensayos Rodolfo Walsh no escribió Operación Masacre (17grises, 2012) y El arte de la guerra en el póker (Mondadori, 2012). Fue editor de la revista el interpretador y conduce el programa de conversaciones sobre libros Escribir en el Aire, por FM La Tribu.

sábado, 18 de junio de 2016

Tigre y adjetivos (Emma Barrandéguy)







Barcos muertos
con sus costillas llenas de musgo,
inútiles defensas
de maderas agujereadas
donde asoman tornillos desvalidos y toscos,
sauces obstinados en sus verdes ramajes
sobre el tronco caído mecido por el río,
añosas casuarinas
mostrando sin pudor sus raíces al aire
y verdes enloquecidos
cayendo sin prisa
hasta el borde de los riachos.
Muelles, muelles, muelles.
Veleros sin velas
y cruceros con mujeres doradas
bajo la toldilla,
fuera de borda veloces
y esquiadores saltando la estela de las lanchas,
frágiles remeros mirando a su timonel,
grandes botes de carga, almacenes flotantes,
pequeñas canoas para los mandados
y un hombre parado
en la popa de su chalana
con la pala contra la nube
que se recuesta en el agua
y mirando,
en el enorme silencio del atardecer
cuando el zorzal llama
monótono y armonioso
y se encienden las luces de las casas
que navegan
entre los árboles y las hortensias.

Emma Barréndeguy (1914-2005) se trasladó de su ciudad natal Gualeguay (Entre Ríos), a Buenos Aires en la década del 30, ya recibida de maestra normal y con un título de bachiller obtenido en Gualeguaychú. Pronto pasó a ser la secretaria privada de Salvadora Onrubia de Botana, con lo que accedió al movido círculo en torno al diario Crítica. Buenos Aires le permitió ampliar sus intereses políticos, canalizar sus experiencias eróticas y profundizar en la lectura y la escritura, pero no suplantó a la provincia, a la que volvía con regularidad. Es precisamente el relato autobiográfico y transgresor de su vida en aquellos años, tal como lo presentó en Habitaciones (Bs. As. 2002), lo que dio a conocer su nombre en el último período de su vida. Pero no la prosa sino la poesía, abrevada también en la tensión centro-periferia, la que acompaña el ciclo completo de su existencia: a los cuatro libros de poemas que publicó en vida hay que sumar una vasta producción inédita. (Irene Weiss)

en Poesías Completas. Emma Barréndeguy. Colección Fénix. Ediciones del Copista, Córdoba, 2009

martes, 14 de junio de 2016

A Reynaldo Ros, poeta muerto (Alfonso Sola González)






"y a solas con las aguas
queda mi juventud"
R.Ros

No se verán las frutas otra vez. Ni el verano
de las islas que ordena el Ibicuy. Ni el aire.

Lejos estaba yo en mi largo destierro;
mis ojos no te vieron en ese ocaso último.
Sólo podré mirar algún día tu piedra
en un ocioso cementerio y el arroyo
que pasa entre los muertos como un ángel.

Ni la victoria regia será de ti el regalo,
ni los frutos que ofrecen los fuegos litorales,
ni el peso de la vida que mirábamos juntos,
ni el verso que traías en tus oscuras manos
diciendo que eran bellos el día o la pobreza.

No son los ríos  los que mueren. Somos
apenas sueño junto a un río eterno
que arrastra tardes victoriosas, luces
apasionadas entre lentos barcos.

Detrás de la Isla Puente tus manos prodigiosas
no enseñarán ya nunca
el esperado paso del azul camalote
y la vieja madera de un bote andará sola
sobre el agua de siempre, entre las voces
de los que te quisimos, Reynaldo, y te llamamos
cuando la muerte cruza las pacíficas islas.

en "Obra poética" Alfonso Sola González / Ed Biblioteca Nacional 2015

viernes, 1 de abril de 2016

Las islas y los ojos (Reynaldo Ros)




Desde esta quietud azul
toda a orillas
de aguas anchas y andariegas
del Paraná, atardecidas,
es bogar, es ir dejando
al son de lo que uno silba,
la ciudad
y la amiga;
mientras pasan camalotes
floreciendo a la deriva,
bogar hasta el verdor quieto
de las islas.
¡Bienhaya la fronda islera!
¡Bienhaya, la tardecita!
Murmullo de rio y sauces
que embarque la copla mía.
Hunden su color los cielos
y arboledas que se inclinan,
ya al agua sonora y crespa,
ya al agua callada y lisa.
Isla adentro,
donde las garzas atisban,
en laguna en que un cardumen
dibuja sus fugas finas,
son hojazas de irupé
lo que la piragua esquiva.
Ya nadando una tucura
va del catay a la achira,
si no queda en el bocado
del pacú que la persiga.
Cuelga al paso una culebra
que en las ramas, rama en pinta,
disimulada, entre brotes,
hacia los pájaros mira.
Y abandonando las flores
y la luz rosa y la brisa,
ya un mainumbí deja el vuelo
tras la hoja donde anida.
Ya en la ruta aguas abajo,
a remada lenta y rítmica,
cantando bajito traigo
rápida la navecilla.
Allá en los ranchos costeros
una guitarra acarician.
Y entre salvias olorosas,
por las sendas doraditas,
con sus palancas al hombro
los pescadores desfilan
seguidos por sus mujeres
que llevan leña de chilca.
Ya en lo alto, en las afueras,
ondula un verdor de quintas.
Ya una fábrica, entre nubes,
su nube de humo fabrica.
Sobre el cromo de las aguas
y barrancas, sonreída,
con su crepúsculo al lado
la ciudad luce a la vista,
y en ella un color, bienhaya,
como mis ojos lo estiman.
No es que busque la ciudad
con su parque verde arriba,
ni que mi retorno techen
frondosas las avenidas;
ni es verdor en soledad
donde el musgo afelpe ruinas,
ni una fiesta de luciérnagas
que al pie de la noche habría.
Bienhaya otra cosa bella
que el retorno me enjardina.
Con murmullo de agua y sauce
mi verso se da en albricias.
Y es llegar al caserío
cuyas terrazas matiza
el sol yéndose
y aun más dulces que su ida
aquí, glaucos,
reinan los ojos de Mirta.

viernes, 25 de marzo de 2016

El Delta, con biblioteca propia (por Pablo Andisco para El Argentino Zona Norte) 22 de marzo 2016




Con espíritu arqueológico, los poetas Marisa Negri y Javier Cófreces lanzaron la Biblioteca Isleña, la primera colección dedicada íntegramente a la literatura inspirada en el paisaje del Delta. Un proyecto que nace a dos horas de navegación del continente y se propone recuperar obras clave para entender el pulso de las islas.




“De allí que esta lucha en las islas les conformó una voluntad de hierro, un sentido de independencia y una individualidad tan extraordinaria que yo diría que el Delta Argentino es uno de los pocos lugares del mundo en donde aún existe un puñado de hombres libres”, escribió Roberto Arlt en sus “Aguafuertes Deltianas”, editadas poco antes de su muerte, en 1942. El texto permaneció al margen de su obra más reconocida, pero reviste tanta actualidad que sirvió como disparador para la colección Biblioteca Isleña. “En las escuelas de isla, salvo excepciones, nunca se ha profundizado en nuestros textos fundacionales. Cuando leí por primera vez ese párrafo, supe que necesitábamos que ese libro llegara a los chicos y, por suerte, Ediciones en Danza asumió este desafío”, expresa Marisa Negri, poeta, docente y coordinadora de la colección.

El poeta Javier Cófreces es el director de Ediciones en Danza y explica por qué se puso al hombro la tarea de recuperar la histórica relación entre las palabras y las islas. “Responde a la necesidad de consolidar, agrupar, profundizar y difundir la literatura referida a una zona habitada y querida por nosotros, que por diversos motivos no fue preservada”, cuenta el poeta, asiduo visitante de la isla en su casa del Arroyo Caaguatá, en Tigre.


Con ilustraciones de Gabriel Martino, la colección inaugura con “El Delta y su antigua fauna”, de Félix de Azara; “Aguafuertes Deltianas”, de Arlt, y “Apuntes isleños”, de Santiago Albarracín, todos títulos de difícil acceso. La selección es aleatoria y los editores prometen autores como Domingo Faustino Sarmiento y Marcos Sastre y un espacio para la poesía y la dramaturgia, tanto de autores consagrados como nuevos. “En las últimas décadas dejaron de editarse las obras publicadas en el pasado y se desactivó la chance de editar materiales que convoquen a las nuevas voces”, revisa Javier, destacando la importancia de la colección.


La lista sobre los artistas atrapados por el Delta se vuelve infinita y surgen los nombres de Haroldo Conti, Oliverio Girondo y Leopoldo Lugones, entre tantos otros, cautivados por un secreto que Javier intenta develar. “Cada persona incorpora los elementos particulares que le transfiere ese paisaje riquísimo y que resignifican la existencia humana. La percepción individual y colectiva de ese entorno es propiciante de disparadores”, expresa el poeta, quien plasmó sus propias experiencias en el libro “Tigre”, escrito junto a Alberto Muñoz.



Para Marisa, el Delta es un paisaje omnipresente en su vida. Fue aprendizaje en la niñez, nostalgia en la adolescencia y su residencia desde hace cuatro años, donde está a cargo de la Biblioteca Popular Santa Genoveva, en la segunda sección del Delta de San Fernando. “Vivir en la isla conecta con los ciclos de la naturaleza. Me levanto cuando amanece, me acuesto cuando se va el sol. Eso es maravilloso”, cuenta la docente, que no deja de lado las dificultades propias de la zona, donde el 70 por ciento de las familias no tiene conexión a Internet. “Necesitamos del mundo, y allí es donde comienzan los problemas; desde enero estamos sin señal de celular y las empresas no dan ninguna respuesta”,

denuncia Marisa, quien sueña con que la biblioteca pueda aportar una solución. “Aspiramos a tener algún día una sala de lectura en la que los vecinos puedan venir también a comunicarse y resolver algunos trámites sin necesidad de viajar a la ciudad. Pero para eso necesitamos ayuda”.


Una editorial en crecimiento

En breve, los títulos de la Biblioteca Isleña estarán disponibles en las librerías de San Fernando y Tigre, así como en las sucursales de Yenny-El Ateneo y las principales librerías de Capital y Gran Buenos Aires. Para más información sobre el catálogo y cómo conseguir los ejemplares, comunicarse a través de la página web de la editorial: www.edicionesendanza.com.ar.

sábado, 19 de marzo de 2016

Apuntes isleños: Sauces (M. Santiago Albarracín)






 El sauce que llaman criollo conviene plantarlo en las islas, en los albardones; su tronco es derecho, necesita ser cuidado y limpiado los tres primeros años a fin de que la maciega no lo tape, haciéndolo perecer. Si no se desmocha, puede crecer mucho el tallo, aunque lentamente.

 Sauce oriental, llorón o de Babilonia. Salix orientalis, flajellis dorsum pulchre pendentibus Tournefort. Salix babilónica: Linneo. Con ramas delgadas y colgantes, es el rey de los sauces, en cuanto a la belleza de su forma, vegeta con fuerza, brota con ramas largas y hecha ramillas como de diez pies de largo sumamente delgadas, y se pueden formar pabellones verdes, elegantes y graciosísimos a la vista. Este árbol crece espontáneamente en los terrenos abandonados, que se encuentran algunas veces salpicados de esta planta, ya que su semilla es transportada por las aguas y los vientos; cultivado, progresa rápidamente, si se cuida con esmero, como se deja ver en el paseo Guardia Nacional en los alrededores de Buenos Aires. Esta planta destruye cuantas alcanza a cubrir con su sombra, menos los enormes seibos, que descuellan sobre ellos admirablemente; su madera es de poco valor por ser vidriosa, y su leña, muy poco estimada.


En:"Apuntes Isleños" M. Santiago Albarracín, Ed. En Danza, 2016.