jueves, 14 de noviembre de 2013

Primitivos habitantes del delta (conferencias sobre aborígenes argentinos del Dr. Roberto Edelmiro Porcel)




II: LOS GUARANIES.-

Habitaban no solo en nuestros territorio.- Son también pueblo originario en la República Oriental del Uruguay (PAÍ KAIOVÁ), del Brasil (PAÍ KAIOVA, TUPI GUARANI, MBYÁ), del Paraguay (CARIOS, CHIRIGUA o CHIRIPÁ, PAÑ, GUAIRÁS, ITATINES y MBYÁ) y de Bolivia (GUARAYOS Y CHIRIGUANOS).-

En Argentina, se denominaban CHANDULES, a los guaraníes que habitaban en las puertas de Buenos Aires, desde el Río Las Conchas, hoy llamado Reconquista, toda la región de nuestro Delta y la costa del Paraná.-

Sin embargo, cuando frente a la isla de San Gabriel, en Uruguay, fue flechado Solís y los suyos, había necesariamente con los Charruas, aborígenes Chandules, ya que estos eran caribes a diferencia de aquellos.-

En el combate de “Corpus Christi”, librado entre los ríos Las Conchas y Luján el año 1536, donde muere el almirante Mendoza, hermano de Don Pedro, los Chandules lucharon al lado de los Querandíes .- Otro tanto hicieron durante el sitio a Buenos Aires, en el que intervinieron también los Charruas.-

Después que Garay refunda Buenos Aires, en 1882, en el combate de “La Matanza” (de donde tomó el nombre este partido de la Pcia. De Buenos Aires), los españoles y mozos de la tierra lucharon solamente contra Chandules, que ocupaban en ese momento la costa sur del Plata desde el Cabo Blanco.-

Formulo estas aclaraciones para ver lo difícil que es establecer un lugar fijo de asentamiento de nuestros aborígenes, ya que no eran sedentarios sino nómades.-

Se denominaban CARCARAÑAS a los guaraníes que vivían en inmediaciones de este río, lindando con aborígenes “Litoraleños”.-
También encontramos a los guaraníes recostados el las costas del río Uruguay, en el norte entrerriano y en Corrientes, donde poblaban al este del río Miriñay, en el Iberá, la frontera de Loreto y sobre la costa del Paraná que nos separa de Paraguay.- Finalmente también habitaban en la actual provincia de Misiones.- Nos estamos refiriendo a los CAINGUÁS, los SANTANAS y a los MBYÁ .-

Finalmente, en el NE Salteño y NO de Formosa, desde el Río Bermejo hasta el Río Grande, en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, encontramos a los guaraníes CHIRIGUANÁ, aunque estos llegaron a la zona pocos años antes que Pizarro, en 1523, acompañando a Alejo García, un portugués marinero de Solís, que los llevó desde Lambaré hasta Tomina, en busca del oro y plata del país del rey Blanco (El Inca).- Estos guaraníes estaban mestizados con los CHANÉS, a los que esclavizaron y de quienes tomaron sus mujeres.-

Cada pueblo Chiriguaná tenia su cacique .- Se juntaban para la guerra y les temió primero el Inca, luego los españoles y todos los pueblos de aborígenes vecinos, ya que eran guerreros formidables, destacándose según nos dicen los jesuitas, por su sagacidad y viveza.- Amaban su libertad por sobre cualquier otro bien.- Eran grandes flecheros.-

Vivian de la casa y de la pesca, pero cultivaban el maíz, la mandioca y las calabazas, obteniendo del primero su bebida favorita.-

D’Orbigni describe a los guaraníes, como de baja estatura, musculosos, caderas pronunciadas, manos y pies chicos, pelo lacio, grueso y oscuro, cabeza redonda y cara circular, ojos chicos y expresivos.- La descripción es perfecta.-´

Los hombres desfiguraban su labio inferior mediante el uso de sus llamadas tembetas (mbetá).-

III.- LOS LITORALEÑOS.-

Estos pueblos se conocieron a través de los viajes de Sebastián Caboto y Diego García de Moguer.-

Los encontramos desde el norte de las islas del Delta donde ya dijimos que estaban los Chandules, hasta la altura de la ciudad de Santa Fe, lindando más al norte con aborígenes de la etnia Guaicurú.- También poblaban en Entre Ríos y en Corrientes sobre el Paraná hasta el Iberá.-

En la región de las islas estaban los BEGUAES, pero en tierra firma, los primeros eran los CHANAS, que también integraban las familias CHANA-TIMBUES sobre la costa oeste del Río Paraná, al alta estatura, que sembraban maíz y calabaza y los CHANA-BEGUAES, que poblaban enfrente, en la costa este.- Eran además cazadores y pescadores, cazaban con arco y flechas y no comían carne humana.-

Los TIMBUES estaban en un estero al norte del Carcarañá.- Tenían la costumbre de los Charruas, de mutilarse los dedos de pies y/o mano cuando moría un pariente.- Caboto los encontró también en el Norte de Corriente con los Santanas.- Adornaban sus narices con piedras azuladas o verdes.-

Con ellos habitaban los CARACARÁS, con los que tenían características y costumbre comunes.- Eran como los Timbués, indígenas de buena estatura (altos).-

También el zona del fuerte de Corpus Christi estaban los QUILOAZAS, que parece que eran un pueblo muy numeroso (Schmidel habla de 40.000 indígenas).- Eran labradores y pescadores.-

Debemos también citar a los MOCORETÁ, más arriba de los timbúes y los quiloazas, pero en la costa este del Paraná, muy buenos pescadores y cazadores de nutrias.-

A los MEPENES, que eran muy belicosos y algunos sostienen que eran los ascendientes de los abipones.- Los encontramos también en el Iberá.-

También eran litoraleños los CORONDAS.-

Finalmente mencionaré a los AGACES, también canoeros, altos y corpulentos.- A pesar de algunas diferencias lingüísticas, tenían características físicas y costumbres similares a los Quiloazas.-

Estos pueblos litoraleños median alrededor de un metro setenta y cinco de estatura, por lo que los españoles los consideraban altos, bien formados, fuertes y nervudos.- Muchos se adornaban con estrellitas o piedras sus narices, que al efecto agujereaban.-

III.- LOS CAIGANG o CAINGUÁS.-

Los encontramos en Entre Ríos, en la costa del Uruguay donde habitaban los YAROS, de baja estatura, cuerpo grueso, brazos mejor desarrollados que las piernas, cabello negro , grueso y abundante y largo, de cara redonda.-

En Corrientes, sobre el Paraná, a la altura de Itatí, lindando con los guaraníes Santana, estaban los GUAYANAS, con las mismas características físicas.-

Hablaban un co dialecto del guaraní.- Sus armas eran el arco, las flechas y usaban garrotes.- Tenían hábitos sedentarios y sus alimentos eran el maíz , frutas, carne y excepcionalmente pescados.-

IV.- LOS MINUANES.-

De de la misma etnia y características físicas de los CHARRUAS, que ocupaban la costa Norte del Río de la Plata desde Maldonado hasta Colonia, los MINUANES poblaban en Entre Ríos.-

Eran de regular estatura, macizos y bien desarrollados.- Su cara era alargada, su cabeza grande y su piel muy oscura.- Pedro López describió a los Charruas que conoció en el año 1530, como nervudos y grandes, de feo rostro, cabello comprimido, con sus narices adornadas con pedazos de cobre muy luciente y que se cubrían con pieles .- Sus armas eran un cuchillo de piedra, boleadoras que usaban diestramente y unas porras de palo duro.- Comían solo carne y pescado .- Los califica como hombres tristes y llorones, que se cortaban falanges de sus dedos cuando moría un pariente.-

Se destacaban como buenos nadadores, canoeros y guerreros según el diario del portugués López de Souza, que con su hermano, reitero, alrededor de 1530 anduvo por el Río de la Plata.-



Ver nota completa:

Totoras (Alberto Muñoz) de El Naturalista (Ed. En danza 2010)




El chimango nada sabe de la eléctrica tristeza del cauce, se confía al plumaje y a la carroña como un escritor a la puntuación. La vacilación se obstina en su misión sombría: qué hay que decir, qué hay para callar.
Quiero que conozcas la espadaña: Thor Heyerdahl y Quitín Muñoz navegaron en ellas por las dudosas singladuras transoceánicas, durmieron menos en las aguas que en la vegetación.
Ese biguá sobre la rama de un fresno americano mira desahuciado tu fantasma, “se pudren los techos en las islas-decís burlonamente-,no hay ángel que no pese demasiado”.
Se va el día mientras ( a la sombra del viejo fresno, tu obra también se reclina en el follaje del mundo) juntamos higos disipados que cuelgan disciplinadamente de una planta retorcida. Canta un gallo (demasiado tarde); no son de las islas los gallos, ellos también vacilan con su canto extremo, ¡tanta agua!, tantas crecidas que sumergen los terrenos, un susurro que viene desde el fondo de los tiempos para reverdecer y ahogar. No debe ser fácil para un gallo comprender esa aventura alucinatoria. Se hacen al lugar, inconstantes como fósiles vivos que cantan pero no despiertan. Hay una creencia – pero es mejor callarla- de que los gallos dominan las mareas.
¿Viste como el sol baña las totoras?, parecen gasas encendidas por el fuego quemando nidos, cuises y culebras. Caminemos hasta los zanjones, ahí están las anguilas, pequeñas nubes enloquecidas, llenas de azúcar y de muertes secretas, inofensivas. Dejemos que se hundan las botas en este barro joven.

Miremos desde aquí las totoras, oigamos a las sirenas venir desde los sórdidos arenales.

lunes, 28 de octubre de 2013

Interior (César Bisso)



No es sol que usurpe
       “No es sol que usurpe / colores / frescura / despertares”. Esto leo en el primer poema de este libro de César Bisso, un poeta que no ha sido abandonado por el paisaje, lo que es fundamental en estos tiempos -para mí-, donde el paisaje del agua, la campaña no hollada aún, o el urbano de cementos, hierros e iniquidades, están expuestos a los mismos extirpadores que, generalmente, por el eterno espíritu mercantilista, o por ser niveladores por la base, a lo largo de la historia del arte han terminado –muchos de ellos- en asesinos de su condición de poetas o escritores.        Este poeta trae, para mí, desde el fondo y la corona de sus islas, que lo engalanaron de paisaje –el eterno paisaje para los inocentes- en poemas donde se lee: “¿tendría la eternidad rumbo de aguas estancadas?”. Y esto se lo pregunta para el caso que hubiera “diluvio, caos, sacramento”. Todo esto compromete a nuestra imaginación y a nuestro sueño, cuando creemos, primordialmente, en el agua, y tratamos de bajar y subir por “el río eterno”. Mejor lo dice Bisso: “Heráclito / deslinda armonía y agua. / Lo que anhela cambia. Y lo que no / es muerte”.        Encuentro valor poético –vital- cuando expresa: “Isla quieta / sola y bella dama”. En esta isla no hay deseo que no pueda encontrar, y de pronto, un “caballo en soledad toca el alba”, el poeta pregunta quién será el dios de la isla, y sigue caminando por la noche -¿y por qué no por el amanecer del sueño?-. Esta pregunta que me hago me la confirma cuando describe el “verde montaraz / detrás / del albardón”. Y más adelante, en su caminar-navegar, donde el poeta inquiere: “¿importa medir / lo que no tiene espacio ni tiempo?”.        Continuemos el recorrido de sus islas. En la pre-primavera descubre que por la escarcha “las ramas vuelven a ser pájaros”, y en primavera hay quien “abanica la orilla”. Qué verdadera imagen de amor. Y luego reaparece la eternidad al decir “la eternidad / se echa / donde el árbol / no alcanza / su propia sombra”. Me pregunto si en vez de que la isla espere “su último destello” para ocultar “su cadáver” ¿esa isla- “mujer”, no es la que está echada allí donde al árbol le es imposible ver reflejados su follaje y su alma?.         Y después de todas sus miradas, recibimos la donación de unos haikus azules y otros movimientos entre los que “el río no regresa / para que no lo olvide”.        No se puede olvidar lo que es donación permanente, como el caso de este excelente libro, donde César Bisso demuestra estar muy lejos de los bajos plafones de los impostadores “redactores de poesía”.
Francisco Madariaga Buenos Aires, agosto de 1998


Interior

Dejo el mundo afuera.
El agua emblandece el barro
y mendiga sed. Convenciones
de juncos agarbados. Desorden
del viento. La belleza está allí:
silenciosa, cauta.

El ojo usurpa restos del alba.
Ningún pájaro es vuelo que libera
si escala su propia altura.
Sólo el agua va. El ojo permanece.

Tomo al mundo por el ojo
y nada oculto tras la maleza.
Lo que está afuera, inmóvil, goza
desde el misterio de la mirada.
Dura al intento y mientras intenta anima.

No hay otro lenguaje.
                                   Cielo.
                                             Agua.
                                                       Isla.

Isla

Mujer
fluvial y desolada
espera
el último destello
y oculta
su cadáver.


Crecida

Voy hacia la luz más alta del río. 
Llevo en otros ojos
horizontes que flotan sin amarras. 
Transito el sendero de los pájaros. 
Abajo, undante tumba sin orillas.

La tierra se ha perdido. Nada
sublima este paisaje moribundo
sobre un cielo caído de repente.

Presiento el destino del vuelo.
Se esfuma el árbol. La mirada.  
Pero no arrojo corazón ni osamenta.


de Isla Adentro, Ediciones Culturales Santafesinas 1999 (prólogo de Francisco Madariaga)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Pesca en la tarde invernal (Diana Bellessi)

Permiso nos da la edad
de remontar las aguas
y pescar, peces brillantes
en el río del idioma
Los que quedaron atrás,
arcaísmos de la infancia,
¡allí va!, aletas de oro
Rozarlos con la mano
y dejarlos escapar
Río del no retorno
La voz sí, tiene permiso
para volver atrás
si disuelve las palabras
y es anzuelo el corazón
Mirá cómo pesca!, no,
las redes están vacías
pero el brillo y las escamas
ocupan su lugar
La voz canta. No le importa
qué comerá mañana


de Mate Cocido. Ed Nuevo Hacer 2002

Paisaje del Delta (Liliana S. Doyle)

El Delta /óleo sobre tela/ Guillermo Pena






Sobre el lomo dorado de este río


el camalote baja lentamente.


La siesta se proyecta en la corriente


con sueñera de barro, barro frío.





En la estela del barco un sol bravío.


Las nubes se arraciman sobre el puente


que se mece, oscilando suavemente


con monótono giro. Poderío





de las aletas negras en el agua.


El sauce desmelena su follaje


sobre las ondas claras. En la fragua





del sol se enciende el seibo. Maderaje.


Carnal arboladura y llamarada.


Corazón hecho sangre apasionada.



Liliana S. Doyle





Publicado en la Antología "San Fernando visto por sus escritores", Año del Bicentenario, 2005.


El nadador (Diana Bellessi)

Cuando abril se derrama
dulce sobre las casas
y las cosas y las últimas
rosas del otoño
en opacidad que brilla
de lluvia veo, cuando
tomo café sentada
sobre las tablas del muelle
y el Seco se desborda
dulce en sus aguas, lejos
como un martín pescador
rasante por el medio

del arroyo al nadador...

...Es Javier, el sobrino
en la brazada mariposa
dueño del río si nadie
se mete al agua en abril
Poco habla pero elige
contrafuego, el ladrón
y cordero del que nada
sé, señala independencia
con su gesto y brilla
desatado del triángulo

libre como un pez

Ahora cae la lluvia
Javier, como tu brazada
en el agua espléndida y
furiosa y mansa y yo
estoy de vos, ¿por qué

decí, si nada sé?

Río abajo (Diana Bellessi)

Íbamos por el canal
Rampani con agua alta
y un sol que rojeaba copas
de los fresnitos después
de tres días sin parar
la lluvia. Contentos íbamos
mirando alrededor. Cuántas
casas se están haciendo
dije, y él me contestó:
Si duran... Tras el silencio
completó la frase ...¿sabe
de qué están hechas? No...
Containers de esos autos
importados. Si nos vende
hasta la sobra quien tiene
tanto, para ellos lujo
pa’nosotros rancho... y ví
la liviana maderita
arqueándose bajo un sol
que rojeaba fresnos jóvenes
tras varios días de lluvia
Mucho pique este verano
vió?, mandubíes y bogas
a granel... Hasta dorados
dije y él, mirando fijo
agregó: ayer, la hélice
del motor cortó un precioso
doradito en dos, pena
me dio... y así charlamos
cuando el sol se va cayendo
por el Gambado Roque y yo