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sábado, 3 de octubre de 2015

La marea (Carlos Enrique Urquía)

Guía del Tigre e Islas del Delta / Director: Salvador Marsico
noviembre 1960


Ahí está el río
con sus pantorrillas
y sus manos aguadas
trepando por los troncos sorprendidos
ahogando las arañas
el río sin dibujo en el paisaje
de viento y ramas
ensayando el relieve hasta los pájaros
proclamando
su furia y su amenaza
haciendo una pulsera en cada árbol
una pulsera de agua.

El río
invade
y va
y distribuye
su cuerpo de culebra exagerada
visitando las tierras y los montes
actualizando zanjas
ha crecido
hasta el centro de las islas
y les moja la cara
trayendo su amistad hasta los pastos
muy cerca de las casas.

Y es la marea
un caracol gigante
ancho
lleno de patas
un ser nuevo en la boca del paisaje
un monstruo engrandecido
en el pulso de la ola y la resaca.

Los muelles se sumergen
las canoas se escapan
el sol deja en las costas su carrera
y el poeta la espera
y se descalza
y la toma del brazo
y se pasea
por la cintura azul de la mañana
y en la tarde de troncos y jilgueros
le deja su amistad azucarada.

Marea
las islas se hundirán con sus memorias
si tú no las asustas y las cantas
las islas que te esperan tras las lunas
necesitan sus nalgas inundadas
por tu voz de pescado y caracoles
y tu espada de barro y caminata.

Las islas
para ellas tu familia
de palos y de ramas
tu beso hecho de río
tu cicatriz mojada.

Marea
mariposa de agua
posada en las caderas de las islas
enamoradas
la amistad ha iniciado en tus canales
la invasión y la hazaña
y recorre la orilla con su grito
que es alegría y agua
como una fruta oscura
nacida en la raíz de las distancias
ofreces tus ciudades misteriosas
tus redes subterráneas
tu limón con su diámetro jugoso
tu barrosa casaca
e instalas
pisoteando entre los troncos
tu pie descalzo y húmedo en el alma
y yo te subo al canto
y te entrego las llaves de mi casa
porque te necesito
y porque quiero

que todo sea de agua.

martes, 1 de septiembre de 2015

Zamba del Delta (Carlos Enrique Urquía)



Rancho de patas altas
rancho del delta
la intemperie se moja
en la madreselva
el aire es mariposa
rota y abierta.

El pescador la luna
anochece afuera
el anzuelo el ciruelo
La araña abuela
ha empezado la zamba
por tu silueta.

Agua argentina y besos
el poeta y la zamba
y el universo

Rancho de patas altas
canoa líquida
el monte blanco endulza
la fruta mística
El pájaro atraviesa
por tu sonrisa.

El pescador se teje
línea por línea
Hay una boga lámpara
y un bagre arcilla
El muelle es zamba y zamba

sobre las islas.

lunes, 25 de mayo de 2015

Adelanto Dos poemas de La islíada (Carlos Enrique Urquía / Ediciones en Danza 2015)


                                                            collage de Gabriel Martino








23

                                     Para Adolfo Arnoldi

Salimos a pescar.



El bote sube y baja

en un balanceo antiguo.



Carnada roja

carnada blanca.



Las líneas se hunden

en el agua.



Vamos a buscar

las bogas de vidrio.



El patí de grises azaleas húmedas

y el pejerrey de pantalón listado.



37



Está doblado hacia la muerte

hacia abajo

como un gran pescado podrido.



La piel con tábanos y moscas

los ojos sin dibujos y colores

las manos lejanas.



El ahogado se llama López.



Tiene el tiempo coagulado en las piernas

una flor de camalote en la boca

y un hijo en San Fernando.



Hace un minuto apenas

Armstrong camina por la luna.




de "Rama Negra" 1971






sábado, 8 de noviembre de 2014

Sintaxis del Ibicuy (Carlos Enrique Urquía)

Carlos Enrique Urquía (1921-2003) nació en Martínez y residió en San Fernando desde los cuatro años. Estaba casado con Lydia Nápoli, con quien tuvo un hijo, Carlos Pedro. Fue docente, primero en una escuela rural de Clorinda (Formosa) y luego en la Escuela Técnica 1 de San Fernando en la 3era sección de islas sobre el Paraná Miní.

Dentro de su obra dedicó 4 libros a nuestras islas:

Amistad en las islas (1957)
La cimbra (1961)
Rama Negra (1971)
Sintaxis del Ibicuy (2004)



















En el Gutiérrez Chico


Con el sol ovillado sobre un palo


Comí mal pan y vino


La boga y el dorado.






Don Zacarías, sal, papel y adobo


Día verde con humo acorralado


La escama descendió los fuegos duros


Las brasas de ceniza y de tasajo.






A la mesa seis hombres. La corriente


Iba y venía con su perro lacio


Mientras el viento entraba en las maderas


Y el bote era la hoja del verano






Las islas apretadas en las ramas


La zanja con su herida entre las manos


Mapa acostado en la honradez del ceibo


Aire roto en las flores de los pájaros.






Patas altas de troncos y escaleras


Seis hombres en el rancho


Las vidas simples del Gutiérrez Chico


La boga y el dorado.





















viernes, 28 de marzo de 2014

El Delta (Carlos Enrique Urquía)


Serie del delta / Fermín Eguia



Óyeme
aquí te hablo
este puño amigo
la plata poesía que inaugura la herencia
una historia natural repartida en la estrella de la boca.

He crecido
el año que me instala
el que me mide
me puso tiempo
y subió mi existencia hasta el misterio.

Hombre
me citó hombre
y arregló como pudo la primera mañana en la cabeza
esta popa combada de la nuca.

Y me empujó hacia el viento
las líquidas ventanas de la infancia
la calle horizontal
inicial lógica
cuando los padres muertos no vigilan.

Desde aquí
mi asistencia enamorada.

No he llegado
he sido siempre la situación de amor
lo que transcurre
asombro y alegría
la orilla linde azul de tu paisaje
la ribera hacia adentro.

Algo como el tambor que tocan las estrellas
en la noche redonda de los grillos.

Delta del Paraná
vientre en el agua
tibio triángulo
pájaros y oxígeno.

Arenibarrijuncos de espadas verticales
como mi pecho.

Ranuras verdes
álamos y sauces.

El cardado equilibrio de los ceibos
la flor
un cardenal
un puntazo
se hirió la primavera.

Óyeme
aquí te hablo.

Desde el más cerca mismo del poema
desde su nacimiento admirativo
desde tus pies
oh Delta
y tus mojarras
ovalados relámpagos voraces.

Cuando mi brazo se arma para atender la cuota del hallazgo
las manos en cubeta
el agua curva y musculosa
y el feriado almanaque de las manzanas.

Los hombres me visitan y preguntan
es un continuo recibir
las cartas
un poco de pescado
la comida
serio acontecimiento hasta los hombros
ningún alivio para no tenerte
para salvar tu brazo de humedades
tu alfilerazo indígena
tu cielo de botella deshojada.

Óyeme
aquí te hablo Delta del Paraná
árboles árboles
plumivelocidades de pájaros lijados
corrientes
aguas altas
un hombre
una mujer
una familia.

El bote
escama azul al infinito
combado caballito de las islas.

El silencio también.

Golpea tu silencio en las puertas del aire
sólo un sistema de ángulos
silencios sostenidos
una relojería de silencios
tictaques átomos conque siembra el tiempo
diagramas del oxígeno pelado.

El silencio en la arteria de la noche
cuando la última lancha apaga su motor
y no existe una rama que cae en la masiega,

El silencio de las islas
hasta un zumbido ingenuo y se deshace
algo tocó su paño
la latamangangá desde los troncos
poroto alimetálico
ruido negro
centro que hierve
y se mueve el cuaderno y la memoria.

Desde este puño amigo
Delta del Paraná
para encontrarte
habrá de recitar toda la sangre
subir
bajar
tocarte en las mareas
y oprimir tus cinturas de humedades
tu ecuacional misterio
tu apogeo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Canto paralelo para el membrillo (Carlos Enrique Urquía)

Membrillo de mis islas
diámetros de color asidos de las tardes
etcéteras de lunas con pelusas
de ovillos entre el sol y el tiempo usado.

Yo he recorrido en niño y en dibujos adultos
tus maderas arrugadas
y sostuve en las placentas de la memoria
el tallo del amor que está en mi industria
como una decisión que no consulto.

De pie sobre los ríos
paralelos a las rayas de los juncos
cuánta navegación busqué en tus ramas
y en tus botas movibles
de húmedos caracoles pobladores.

Descendiente de un tomo de sauzales
la cuchara del bote
con el aire tocándome en belleza
cazado
inevitablemente ingenuo
me entrabas al asombro de tu esferado fruto amarillento
sus márgenes
sus cutis
sus fronteras
y su central semilla barajada en la sabiduría del verano.

Membrillo de mis islas
que te asomas
que custodias el aire
que empuñas el azúcar de la tierra
que comienzas en las jardinerías los dulces alfileres del aroma
que en mis cavilaciones me citas los misterios de las síntesis
el milenio torneado en el rocío
la ceja del paisaje
y por fin me convences
que en los huesos también hay esperanza.

Esta es mi población
desde aquí adentro he subido a la lengua de la vida
y he decidido consultarte el fuego
la luz que en geometría abres al ventanal de las corrientes.

Recíbeme
me esperan los solfeos indígenas del viento
la araña con su octógono colgado
y las lacias maciegas de las islas.

Yo te traigo en la boca una pajarería de tequieros.

(La cimbra)

sábado, 6 de julio de 2013

Remando en el Abra Vieja (Carlos Enrique Urquía)

(Carlos Enrique Urquía (Buenos Aires, 1921-2003).Sus principales obras son: Amistad en las islas; Ingreso en el hombre; Palabra de honor; La cimbra; Rama negra; Monograma; Sujeto y predicado; Primavera corregida, libro de actas; Cinco textos de amor y una canción traspapelada.

Remando en el Abra Vieja

Este
Mi remo
Toco el líquido mineral con su pala
Me apoyo y voy sobre el agua recostada y suelta.

La mañana ayuda con su vidrio.

El árbol
El pájaro
Este brazo con los triángulos de la fuerza.

La alegría resuelta en las manos
En la espalda
Sudada cancha del sol.

El puño asido al remo
El remo abrochado en el agua
El abra por el mapa y por la historia.

La espuma
Una viruta de capítulo hirviente
De estambres musicados
De zaguán clausurado en las burbujas.
Las islas saltan el horizonte detrás de este remo.

Mi madre también tenía un remo dentro de su puño
Y se llamaba Amalia
Como una planta medicinal o como una estrella.

Nació en las caderas del Riachuelo
Y creció en las tierras inclinadas del Neuquén.

Reunió jarillas y guitarras
Cuando se puso el primer corpiño.

Después tuvo sus hijos que desató del mismo obligo
Que aventó como animalitos vivarachos
Como piedritas blancas y parecidas
En la mano empolvada de las calles
Citados en la misma verdad
Y uncidos
Como bagrecitos recién pescados
Del junco rojo de su sangre.

Ella nunca dijo que tenía un remo.

Lo tachaba con el cuchillo querido de su risa
Lo disimulaba en cualquier lugar de su angustia.

No sé si alguna vez estuvo en estas islas
Pero
Hoy
Esta mañana clara
Este verano con sus cartucheras rojas.

Yo remo en la eternidad del Abra Vieja
En su agua tirada
Caminito puesto bajo el pétalo del bote.


Todos tenemos un remo hacia la belleza.