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martes, 3 de junio de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
Almanaque isleño: Mayo (Javier Cófreces y Alberto Muñoz)
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| Horacio Gerpe |
Las orillas son paradógicas y la tierra se mueve perentoriamente.
El agua leída en la margen del río es el falso telón de los hijos de Cortés.
Un doble fondo en los limoneros deja liberada a la víctima y el perdido fantasma Azteca que ha llegado flotando es olfateado por los perros del monte.
Así es mayo, un desenterrador desaforado.
El isleño busca con su pala lombrices para la pesca y desentierra de las zanjas el cuerpo de un tractor histórico.
Oxido para encarnar: bogas de zinc, pejerreyes remachados, dorados enchapados.
Hay un trato con las tortugas de agua para que canten en los fondos del rio, la épica de su navegación. Mayo no es el Caribe sino el menoscabo de las algas.
lunes, 31 de marzo de 2014
Almanaque isleño: Marzo (Alberto Muñoz & Javier Cófreces)
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El navegante de los nervios / Horacio Rodríguez Gerpe dibujo a lápiz de color y pastel |
Marzo es un buen mes para matar a la madre.
Los viejos remeros no nos delatarían, menos aún las hormigas que ante la proximidad del otoño pasan a retiro sus conocimientos de hidráulica para tejer sobre bastidores amarillos.
El comienzo del período escolar es el más propicio para esconder el cadáver de una madre.
Nadie buscará al homicida cuando se trata de cotejar precios de reglas escuadras, transportadores y tinta Pelikan azul lavable.
Las maestras deberían desaparecer junto a las madres, aplastadas por el árbol de la vida o por las botellas con estiércol que arrojan los murciélagos desde las aspas de los ventiladores de techo.
En marzo los insectos triplican su tamaño y la isla comienza el cambio de color, llenándose de materia inexplicable.
Sarmiento respiraria aliviado, tras los ataques da asma que le producia el receso lectivo
Almanaque isleño: Abril (Alberto Muñoz & Javier Cófreces)
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| Moradas filosofales / Horacio Gerpe |
A lo largo del mes las casas se hunden unos centímetros, cansadas ya de sostener el peso de las cocinas económicas. Hay un acopio de leña y de hongos que parasitan las fallas antiguas de la madera. Los pájaros levantan el edificio de la tradición. Parlotean como viejos sargentos, dando órdenes para que el verde erotismo trabaje sin exceder la inteligencia de las anguilas. Reaparecen las fogatas, la presencia de Haroldo Conti y el humo liberado por el tránsito de tijeretas que abren sus colas con mayor convicción. El trabajo violento y de zozobra de la comadreja es estudiado con fines sonoros, para escribir o leer a primera vista sones y estribillos adheridos a los muelles después de una bajante. Viejas semillas del guaraní hacen dulce con los postigos. Las casas son pintadas a la mañana y despintadas a la noche por los insectos removedores de esmaltes. La madera se torna quebradiza y detrás de ella viven bichos ruidosos haciendo su anónimo trabajo.
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