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martes, 14 de junio de 2016

A Reynaldo Ros, poeta muerto (Alfonso Sola González)






"y a solas con las aguas
queda mi juventud"
R.Ros

No se verán las frutas otra vez. Ni el verano
de las islas que ordena el Ibicuy. Ni el aire.

Lejos estaba yo en mi largo destierro;
mis ojos no te vieron en ese ocaso último.
Sólo podré mirar algún día tu piedra
en un ocioso cementerio y el arroyo
que pasa entre los muertos como un ángel.

Ni la victoria regia será de ti el regalo,
ni los frutos que ofrecen los fuegos litorales,
ni el peso de la vida que mirábamos juntos,
ni el verso que traías en tus oscuras manos
diciendo que eran bellos el día o la pobreza.

No son los ríos  los que mueren. Somos
apenas sueño junto a un río eterno
que arrastra tardes victoriosas, luces
apasionadas entre lentos barcos.

Detrás de la Isla Puente tus manos prodigiosas
no enseñarán ya nunca
el esperado paso del azul camalote
y la vieja madera de un bote andará sola
sobre el agua de siempre, entre las voces
de los que te quisimos, Reynaldo, y te llamamos
cuando la muerte cruza las pacíficas islas.

en "Obra poética" Alfonso Sola González / Ed Biblioteca Nacional 2015

viernes, 1 de abril de 2016

Las islas y los ojos (Reynaldo Ros)




Desde esta quietud azul
toda a orillas
de aguas anchas y andariegas
del Paraná, atardecidas,
es bogar, es ir dejando
al son de lo que uno silba,
la ciudad
y la amiga;
mientras pasan camalotes
floreciendo a la deriva,
bogar hasta el verdor quieto
de las islas.
¡Bienhaya la fronda islera!
¡Bienhaya, la tardecita!
Murmullo de rio y sauces
que embarque la copla mía.
Hunden su color los cielos
y arboledas que se inclinan,
ya al agua sonora y crespa,
ya al agua callada y lisa.
Isla adentro,
donde las garzas atisban,
en laguna en que un cardumen
dibuja sus fugas finas,
son hojazas de irupé
lo que la piragua esquiva.
Ya nadando una tucura
va del catay a la achira,
si no queda en el bocado
del pacú que la persiga.
Cuelga al paso una culebra
que en las ramas, rama en pinta,
disimulada, entre brotes,
hacia los pájaros mira.
Y abandonando las flores
y la luz rosa y la brisa,
ya un mainumbí deja el vuelo
tras la hoja donde anida.
Ya en la ruta aguas abajo,
a remada lenta y rítmica,
cantando bajito traigo
rápida la navecilla.
Allá en los ranchos costeros
una guitarra acarician.
Y entre salvias olorosas,
por las sendas doraditas,
con sus palancas al hombro
los pescadores desfilan
seguidos por sus mujeres
que llevan leña de chilca.
Ya en lo alto, en las afueras,
ondula un verdor de quintas.
Ya una fábrica, entre nubes,
su nube de humo fabrica.
Sobre el cromo de las aguas
y barrancas, sonreída,
con su crepúsculo al lado
la ciudad luce a la vista,
y en ella un color, bienhaya,
como mis ojos lo estiman.
No es que busque la ciudad
con su parque verde arriba,
ni que mi retorno techen
frondosas las avenidas;
ni es verdor en soledad
donde el musgo afelpe ruinas,
ni una fiesta de luciérnagas
que al pie de la noche habría.
Bienhaya otra cosa bella
que el retorno me enjardina.
Con murmullo de agua y sauce
mi verso se da en albricias.
Y es llegar al caserío
cuyas terrazas matiza
el sol yéndose
y aun más dulces que su ida
aquí, glaucos,
reinan los ojos de Mirta.

sábado, 6 de julio de 2013

Islas en la lluvia (Reynaldo Ros)

Reynaldo Ros (1907-1954). Poeta. Nació y murió en Paraná, provincia de Entre Ríos. Perteneció a la Generación del 40; integró los grupos "Vértice", "El Camello", "El Grillo" compartiendo esas tertulias con Juan L. Ortiz, Alfonso Sola González y Alfredo Martínez Howard entre otros.  "La huerta azul" y póstumamente, editado por la Universidad Nacional de Entre Ríos:"Islas en la lluvia".

Islas en la lluvia


Las hojas, temblando,
Entre el garuar que las empapa,
Ya se despiden de los álamos,
Ya doran el vuelo de las ráfagas.
Mientras reina la lluvia,
Las horas délticas se alargan;
Y hay brazos entumidos
Y hay herramienta arrinconada.
Vuelca y vuelca de lo alto
Del hombro húmedo sus ánforas
La lluvia que, agrisándose,
Llega a borrar del panorama,
Árboles, casas, naves, ríos...
¡La lluvia, de pie sobre las aguas!...

En los hogares, gente fuerte,
Hombres de varias razas,
Sorben café, mate o ginebra;
Fuman y charlan
De frutas, mimbres y maderas;
De hormigas, mareas y borrascas,
Y junto al fuego, las mujeres
Preparan mermeladas,
O secan blusas de trabajo
Colgándolas ante la hormalla,
O peinan a sus niños
Y, sentaditos en las faldas
Los niños, ángeles de huerto,
Saborean manzanas.
Y cuando entonan las mujeres
Una canción honda y nostálgica
Murmullos hay de bosque y lluvia
De allende el mar, en lo que cantan.
Entonces estos pobladores
Recuerdan las comarcas
Remotas donde fue su cuna,
Ya en Europa, ya en Asia.

Se duelen de los pueblos tristes,
Desde esta tierra americana
Donde en paz luchan por la vida,
Donde el pan no les falta.
Y anhelan que otros inmigrantes
De manos útiles cuanto ásperas,
Dilaten los plantíos
Aquí en estas islas y que vayan
También poblando tierra firme
Con más colonias, con más granjas
Y leguas y más leguas doren
Las mieses que el mundo nos reclama.