domingo, 11 de agosto de 2013

Muerte del pez (Fausto Hernández)


foto:mn





Fausto Hernández (1897-1959) Escribió bajo el seudónimo de "Hernández de Rosario" y fue amigo de Macedonio Fernández. Publicó Hacia afuera (1926), Pampa (1938) y Río.



Más ligero que flecha sin cautela
en juego ágil o en ansia cazadora,
el pez se aparta de la hilada estela,
en su fuga de estrella voladora.

Hace girar su aleta en extravío;
y entre nubes de muerte se recobra
para agitarse en el temblor del río
con la espira inicial de la zozobra.

En zigzag de confuso laberinto
con ojo ciego explora su comarca
derivado en efugio del instinto
rumor del agua al flanco de la barca.

Curvado por los pesos estivales
el pescador lo saca del palangre
y lo apura en sus éxtasis mortales
juntando en su labor sudor y sangre.

Ex navegante lúcido de espuma
de breve soplo y de tenaz remonte
desarticula ahora viaje y bruma
roto el diámetro axil de su horizonte,

y en quietud de agonía, sin que falte
respiro azul al agua que se azoga,
se apaga un poco el brillo de su esmalte
y una brisa final lo desahoga.

Descifrando el fortuito sortilegio
de aurora carmesí en fervor de estío,
coinciden en la clave de su arpegio
aves en festival, temblor del río.

sábado, 10 de agosto de 2013

Lo que trae el río


Agosto 2013 / Río Paycarabí
registro fotográfico: marisa negri







El delta y Javier Cófreces




1) ¿Cuál fue tu primer contacto con el delta?

Mi primer contacto con la isla se produjo en la década del ochenta. El poeta Víctor Redondo nos invitó a mi mujer, Alejandra, y a mí a pasar un fin de semana en una casita que había alquilado en el Rama negra. Era muy precaria y estaba repleta de alimañas. De todos modos, el sitio me fascinó y supe que frecuentaría esa región. Pasados los años, el poeta Alberto Muñoz comenzó a invitarme a su morada isleña, “El establo”, en el río Espera. Durante años fuimos a esa casa con mi mujer y compartimos cenas, lecturas, pesca y conversaciones con mi amigo Alberto. Esas estadías determinaron que con Alejandra tomemos la decisión de comprar un ranchito en la isla. Lo hicimos en 2003, cuando abrieron el corralito del nefasto  Cavallo. Desde entonces habitamos “La blanqueada”, en el arroyo Caraguatá. Ahora que recuerdo, también influyó mi entusiasmo por el delta una travesía de dos días en canoa que hice con mi amigo Mario. Remontamos el río Luján a comienzo de los noventa. Por la noche nos sorprendió una tormenta terrible y salió a buscarnos la prefectura. No nos encontró ya que pernoctamos en la casa de un nutriero, Aurelio Bianchi. Aquel personaje, que retraté en un poema, nos salvó la vida o algo así. El paisaje que observé durante aquella aventura definitivamente me habló para que le pertenezca.

2) ¿Qué vínculo tenés actualmente con la isla? 

Tras la compra de nuestra casa, “La blanqueada”, pasamos todos los fines de semana del año en la isla, además de vacaciones, largas o cortas. Enfrentamos sudestadas, hacemos travesías en lancha o en canoa, recorremos, plantamos, cosechamos, pescamos, nadamos. Leo, escribo, escucho música e investigo acerca de todo en la isla. Botánica, zoología y literatura son las disciplinas más visitadas. Resolvimos no tener Internet, por lo tanto, cargo papeles, libros, apuntes y una notebook.

3)¿Cómo aparece el delta en tu literatura?

En mi escritura personal, a través de algunos poemas que publiqué en libros viejos. Algunos están relacionados con aquella expedición en canoa, otros con momentos vividos en “El establo” de Muñoz. A partir del 2003, cuando con Alberto resolvimos comenzar a componer nuestra obra “Tigre”, el compromiso de escritura con la isla tomó otra dimensión. Armamos juntos un libro de 800 páginas y recién en 2010 lo publicamos, aunque con 300 páginas menos. Fueron cinco o seis años investigando acerca de la isla, escribiendo historias y poemas, buscando fotos y testimonios. Fue nuestro aporte concluyente a la región. Varias veces fantaseamos con escribir un segundo tomo, pero ambos sabemos que ya no será posible... Nuestro aporte a la literatura isleña quedó plasmado en ese mamotreto de 500 páginas.

4) ¿Que autores te parecen indispensables para acercarse a las islas?

El primer nombre indispensable de leer, y que representa el paradigma del escritor comprometido con el delta es Marcos Sastre, autor de El Tempe argentino. Su obra cumbre es la auténtica biblia de Tigre. No existe trabajo alguno tan completo, abarcador, poético (a pesar de ser narrativa),  intenso, fantástico, en fin, podría seguir calificándolo…es el libro de los libros del delta. Luego, la poesía de Carlos Urquía, un autor que le dedicó varios libros a la isla. En particular, uno de sus títulos, Rama negra, es formidable. Lobodón Garra con su Río abajo y Domingo Faustino Sarmiento, con su Carapachay. El libro de Miguel Gaya, Corrientes en la silueta del río. Finalmente, los poemas de escritores que viven temporadas en la isla y que aparecen recogidos en sus diferentes libros, Alberto Muñoz, Diana Bellessi, Alicia Genovese, entre otros y otras.

5) ¿Recordás alguna anécdota isleña vinculada a la literatura?

Sí, recuerdo decenas. Me inclinaré por citar una insignificancia. Hace veinte años fuimos a pasar un fin de semana al recreo “El tropezón”, en el Paraná de las palmas, la hostería donde se suicidó Lugones. Fuimos con mi mujer y otra pareja de amigos, pleno invierno, frío de aquellos. No había calefacción ni demasiadas comodidades en la pensión, regenteada por tres viejitas que habían atendido al autor de Las montañas del oro cincuenta años atrás. El termómetro indicaba cinco grados bajo cero, estábamos ateridos. No obstante, habíamos organizado una lectura nocturna a orillas del río. Cada uno eligió sus textos preferidos. Mi mujer leyó Margarite Yourcenar, mi amiga a Ítalo Calvino y no recuerdo la elección de su pareja. Yo seleccioné varios poemas del río de Juanele Ortiz. Recuerdo que tras la lectura convertí cada hoja en un barquito de papel y los eché a navegar por el Paraná. Como te dije, una insignificancia, pero la recuerdo siempre.

lunes, 5 de agosto de 2013

La isla colorada (Alfredo Veiravé)


"Es, dice, una isla que recibe toda la luz del
atardecer y parece que arde".
Ricardo E. Molinari
No entender una imagen es truncar lo en-mascarado.
Pero ¿conviene a los poemas quitarles esa máscara?
            Por qué una antología podía titularse "La isla
                                                 colorada"?
El poema desoculta lo invisible o deja ver sus
                                                 hierofanías
juntas / como el contacto de los élitros de la pareja
cuyos roces se oyen en la oscuridad
       (¿Que haces oh Mago para calmar el mar furioso?
—Contengo mi cólera, que después estalla como
una ola
       sobre la roca femenina...)
¿Y luego?: cuando me hablan de ti, es como si me
                                          perfumaran la cara
con una hoja de mirto, transferencias trópicas o
                                        monarquías, de golpe,
       para nadie; fuera del idioma teje
(destrenza) las finas incógnitas de Aladino sacándole
                                                        brillo
a su lámpara de cine, como un condestable espacio no
                                   decible (apenas audible)
donde sueñan las palabras más hermosas
juntas / como los élitros que se borran o se agregan al
                                                       poema
según su compañía de pareja, en la oscuridad de sus
                                                    contactos.
Hasta que el poeta habló ante su crítico; entonces yo
                                                        pensé
en una isla del delta del Paraná por el Ibicuy, no sé
                                                       por qué
resplandor de las sombras-recuerdos.

       El poemar desoculta lo invisible del planeta genético
       es puro jugar de la luz entre los pájaros, dice
                                          incluso lo que no sabe
del zorzal criollo o de un mirlo mojado bajo la
                                         llovizna de Londres
       El poema se resguarda de las interpretaciones; en
                                          los nidos del hornero
pone su propio barro antes de que se seque / entonces
       ¿el fuego del poema arderá inútilmente sobre los
                                                 patos silvestres?
       ¿Quién gozará estas islas de imaginar cuando ya no
                                                        estemos?

domingo, 4 de agosto de 2013

A bordo (Javier Cófreces)

En el bote
uno se pone de pie
y el equilibrio
pasa por otro sitio
Peces en el agua
la bruma, los juncos
la categoría que forman las cosas
en su punto justo
La categoría del pormenor
la brújula, el silbato, el salvavidas
Los elementos de compañía
Los objetos de permanencia
La especie indescifrable
del canto maldito
que sigue a pie
juntillas la capital,
que reúne náufragos
en la isla.

de Mar de Fondo (Libros de Tierra Firme 1994)


sábado, 3 de agosto de 2013

Agua zarpada (Gabo Ferro / Pablo Ramos)




Se vino fuerte 
zarpada el agua 
a esta tierra mía 
Que había ganado 
paleando al río 
en cien noches de frío

 Me está dejando 
como un chiquero 
esta casita mía 
Que tambalea, 
que se resiste 
no sé por cuanto tiempo 

Es mejor 
lavar la sangre 
de la última matanza 
Ya no quiero 
a esas almas aquí, 
que se las lleve el agua 

Necesito dejar libre 
lo que no me pertenece 
Mejor será 
que se lleve el río
 lo que no es mío 

La mitad de mis cosas flotan 
en lo marrón del agua 
Las cacerolas, las cucarachas 
y las promesas vanas 

Lo que en verdad 
me da tristeza 
es ver ahí tus cartas 
Se borronean 
La pobre tinta 
no es a prueba de agua 

Es mejor lavar la sangre 
de la última matanza 
Ya no quiero a esas almas aquí,
que se las lleve el agua 

Necesito dejar libre lo que 
no me pertenece 
Mejor será que se lleve el río 
lo que no es mío

El isleño (Adrián Berra)





 El isleño (Letra x Bruno Luciani)


 Quiero vivir bajo un sauce
Tras sus hermosas cortinas
 Con las patas en el agua
con el alma por las ramas
 Con mi negra tan divina
 Los sapos en coro avisan
Que el invierno va llegando
Y un arroz con leche tibio
Me pone tierno los labios
 Un trió de batarazas
Viene tocando en canoa
Guitarra acordeón y bombo
Música dentro de un charco
 Viva el teatro y sus musas
 Viva el vino y su mareo
Viva el locro a panza llena
 Viva el rio morocho tranquilo y turbio
 Viva el locro a panza llena
Viva el rio morocho tranquilo y turbio